Guillermo Parra: La traducción audiovisual combina casi todo lo que me gusta en la vida

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Guillermo Parra: La traducción audiovisual combina casi todo lo que me gusta en la vida

Biografía:

Edad: 26

Profesión: profesor, investigador y traductor audiovisual

Idiomas de trabajo: castellano, catalán, inglés, alemán y francés

Entrevista: Guillermo Parra es un afortunado, pues dedica su vida al estudio y el desarrollo de su gran pasión: la traducción audiovisual. Ya sea como investigador en su proyecto de doctorado, como profesor en la UPF (que le otorgó en n 2015 el Premio a la Calidad en la Docencia en un Grado) o como traductor autónomo, su labor arroja una luz necesaria sobre un mundo tan complejo como necesario. ¡Tanto es así que ha sido nominado dos veces a los Premios ATRAE, que organiza la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España (en 2016 y 2017)! Si queréis descubrir todos los entresijos de la traducción audiovisual, no os perdáis esta entrevista (eso sí, si también queréis conocer las ventajas de contar con una agencia de traducción, ¡visitad este post!):

¿Cómo te presentarías a nuestros lectores?

No sé si soy la persona más adecuada para hacerlo, pero yo me describiría como alguien amable, creativo, inquieto, hablador, trabajador, trasnochador y perfeccionista. Soy el tipo de persona que ve a todo el mundo saliendo por una puerta y decide irse a la otra, solo para ver si es que no funciona o es que, simplemente, nadie la ha intentado abrir. Como os podéis imaginar, esta actitud vital no siempre es una virtud, pero con el tiempo me ha abierto muchas puertas, literal y figuradamente. Desde una perspectiva más profesional, trabajo como profesor en la Universidad Pompeu Fabra desde los 21 años, actividad que compagino con el doctorado y la subtitulación.

¿Qué te llevó a dedicarte a la traducción audiovisual?

Lo maravilloso de la traducción audiovisual es que combina casi todo lo que me gusta en la vida: lo audiovisual, los idiomas y la comida. Ya de pequeño tenía un interés especial por la lengua: corregía constantemente a mis padres, hacía juegos de palabras y me inventaba neologismos. Esto, combinado con que siempre me ha encantado ir al cine y atiborrarme de palomitas, hizo que el primer día que nos hablaran en clase de la traducción audiovisual se me iluminaran los ojos. Tuvieron que pasar cuatro años hasta que cayó en mis manos un primer encargo medianamente serio. Mientras tanto, yo me aseguré de mantenerme activo y de estar preparado para cuando llegara la oportunidad. No ha sido un camino fácil y dudo que lo vaya a ser en el futuro, pero yo soy de los que opinan que el que la sigue, la consigue, y esa ha resultado ser mi experiencia personal hasta la fecha.

¿Cómo se desarrolla el proceso de traducción de una película?

Salvo excepciones, el proceso de traducción se inicia durante la fase de distribución, con la película ya acabada. Una distribuidora compra los derechos para una región determinada (en nuestro caso, España) y encarga su traducción a un estudio. Cuando se trata de películas comerciales, a veces es una extensión de la propia productora la que se encarga de su distribución internacional, como es el caso de Hispano Foxfilms para las películas de 20th Century Fox en España.

Como podréis deducir, esta forma de trabajar limita mucho el mercado, ya que cada estudio suele tener sus traductores habituales y hay demasiado dinero en juego como para que se arriesguen a contratar a alguien que no conocen o del que no han recibido alguna recomendación previa. Sin embargo, la aparición de nuevos estudios y de formas de distribución alternativas en los últimos años, como el vídeo bajo demanda (los famosos Netflix, HBO y compañía), ha permitido la entrada al mercado de muchos jóvenes profesionales sobradamente preparados que han sabido aprovechar la oportunidad.

Volviendo al proceso en sí, lo habitual es que se encargue la traducción a un traductor autónomo, traducción que más adelante se ajustará para que vaya en sincronía con la imagen. Dependiendo del caso, el ajuste lo puede realizar el mismo traductor, otro profesional aparte o el director de doblaje, que es el que se encarga de elegir el reparto de voces y de supervisar todo el proceso. Curiosamente, la tarea del ajustador está mucho mejor valorada y pagada que la del traductor. Esto quizá se deba a que, históricamente, los traductores no tenían la formación ni los medios que tienen hoy en día y se limitaban a hacer una traducción literal que el ajustador después convertía en un diálogo con cara y ojos. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero esta brecha se ha mantenido y cerrarla es una de las principales reivindicaciones de los traductores que se dedican al doblaje.

En cuanto a la versión subtitulada de las películas, es posible que la haga el mismo traductor o que se la encarguen a otro profesional, y suele pasar por las manos de un revisor, para garantizar la calidad del producto final. Por razones económicas, ha aparecido una tercera opción que parece estar cada vez más de moda, que consiste en crear los subtítulos a partir de la traducción para doblaje, obviando que se trata de modalidades distintas y que cada una tiene sus particularidades. Tengo más de un ejemplo de auténticos despropósitos anónimos que se han producido de esta forma, pero me los guardo para otra ocasión. Finalmente, también están los festivales, muestras, filmotecas y similares, que suelen encargar la subtitulación de películas que aún no tienen distribución para proyecciones puntuales. En este caso, los subtítulos resultantes acostumbran a ser efímeros, bien porque las películas no llegan a distribuirse o porque se vuelven a subtitular por encargo de la distribuidora. El mundo del cine, por desgracia, tiende a ser muy poco transparente y a dificultar intercambios de este tipo.

¿Dónde está el límite entre la fidelidad al original y la adaptación cultural de la traducción? ¿Se sobrepasa a menudo?

Esta pregunta me recuerda a una cita de Gideon Toury que no consigo ubicar ahora mismo, pero que decía que traducción es todo aquello que en una lengua y cultura se considera como tal. Por obvia que parezca la afirmación, con los años he ido entendiendo lo que significaba. Hay una escena en la película Ali G anda suelto (Ali G Indahouse) en la que los protagonistas están a punto de infiltrarse en una mansión y deciden utilizar personajes de El Equipo A como nombres en clave, con cita célebre de B. A. Baracus incluida. En la versión doblada de la película, probablemente por el público objetivo y por el hecho de que la cita no es especialmente conocida en español, El Equipo A se cambió por Digimon: Digital Monsters, y B. A. Baracus y compañía, por Garurumon y otros digimon con nombres ridículos. ¿Es una decisión así fiel al original? Como bien dice mi director de tesis, Patrick Zabalbeascoa, depende de cómo definamos «fidelidad». Si nos referimos al contenido, evidentemente, no, pero si tomamos como punto de referencia la función de la película, que es una comedia, entonces sí lo sería, porque recuerdo haberme reído a carcajadas con esa escena. ¿Acaso sería más fiel si se mantuviera la referencia original, pese a correr el riesgo de que perdiera la gracia?

Con los subtítulos, sin embargo, el margen de maniobra es menor, porque van acompañados de la pista de diálogos original, de modo que el traductor se siente mucho más vulnerable y suele ceñirse más a lo que se dice. De nuevo, yo creo que la vulnerabilidad en este caso es relativa: aunque mucha gente entiende inglés hoy en día, hay mucha menos que entienda alemán, noruego o coreano, por ejemplo. Recientemente me tocó traducir una película que tenía parte de los diálogos en armenio. Como os podéis imaginar, la cantidad de hablantes de armenio en España debe de ser ínfima, por lo que me tomé la licencia de hacer las adaptaciones que me parecieron necesarias.

¿Cuál es el proyecto del que más orgulloso estás, o cuál destacarías?

Estoy muy orgulloso de mi labor en el festival Americana, en general, aunque quizás el proyecto que más ilusión me hace es la sesión de cortometrajes que organizo desde hace un par de años en el marco del festival. Los cortos son algo que, como cinéfilo, siempre me han despertado mucha curiosidad. Creo que a menudo se infravaloran porque no están hechos por gente conocida ni suelen contar con ningún actor famoso, pero lo cierto es que es un formato que da mucho juego a los productores independientes y que está lleno de ideas nuevas y diferentes. Directores de la talla de Wes Anderson o Denis Villeneuve empezaron haciendo cortometrajes y hoy en día son referentes a nivel mundial. Por eso, cuando los directores de Americana me dijeron que tenían pensado montar una sesión para el festival, en seguida me ofrecí a hacerlo yo. No tenía ninguna experiencia, así que tuve que aprender sobre la marcha a buscarlos y a contactar con los directores para conseguir su permiso y los materiales de proyección, que luego me tocó subtitular de principio a fin. El resultado es una sesión de unos 90 a 100 minutos en la que trabajo prácticamente todo el año por mi cuenta para que el público del Americana pueda disfrutar de los cortometrajes norteamericanos más divertidos y sorprendentes de la temporada. Si algo he aprendido de esta experiencia es que no merece la pena pasarse la vida esperando a que creamos que estamos preparados para hacer algo; hay que saber ver la oportunidad y lanzarse a hacerlo.

Eres, además, profesor de traducción en la UPF, ¿qué puedes contarnos de la labor del docente en el campo de la traducción audiovisual? ¿Qué se puede enseñar en la universidad para preparar al alumnado de cara a la realidad del sector profesional?

Permíteme que aproveche tu pregunta para reivindicar dos cosas:

Por un lado, siento que los profesores a menudo nos encontramos con la presión de que todo lo que enseñamos en clase vaya enfocado a preparar a los estudiantes para el mercado laboral. Por importante que esto sea, creo que la labor de un profesor universitario no se limita a eso, sino que también debe llevar a sus alumnos a reflexionar, contribuir a que desarrollen un sexto sentido para los distintos aspectos de la traducción y una minuciosidad en su labor de la que el mercado a menudo carece. Cuando uno tiene una película de 1500 subtítulos que traducir para pasado mañana, no se para a pensar en la sincronía cinética o en si su traducción refleja bien el sociolecto de tal o cual personaje, pero el hecho de que lo hiciera durante su etapa formativa en la universidad puede servirle de ayuda e inspiración en momentos así.

Y lo mismo se aplica al enfoque opuesto: creo que un plan de estudios de traducción audiovisual no puede centrarse en consideraciones teóricas y obviar la práctica profesional. Por suerte, no es algo frecuente, ya que la mayoría de formaciones son impartidas por profesores con experiencia de primera mano, como es mi caso, o que se mantienen al día de la evolución del sector asistiendo a jornadas, congresos y otros encuentros especializados.

Estás haciendo un doctorado sobre el lenguaje alterado por el alcohol y las drogas, ¿qué puedes contarnos sobre el tema? ¿Qué te llevó a interesarte por este ámbito concreto?

Lo primero que me pregunta mucha gente cuando le hablo de mi tesis es si el tema se me ocurrió como excusa para consumir drogas «con fines investigativos». Irónicamente, les suelo responder que ya me gustaría, pero que como doctorando, mi sueldo no me daría ni para empezar. Bromas aparte, supongo que la razón por la que estudio este tema es la misma por la que un actor se prestaría a hacer de borracho o drogadicto en una película: un poco por curiosidad, por romper moldes y por afán de diversión.

Recuerdo perfectamente de dónde surgió la idea: un fin de semana cualquiera de hace cuatro años estaba en casa de unos amigos cuando decidieron ver la película Miedo y asco en Las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas). Para los que no la conozcan, creo que no exagero al decir que es una de las películas más psicodélicas, confusas y perturbadoras jamás rodadas. Los protagonistas, encarnados por Johnny Depp y Benicio del Toro, se pasan casi dos horas consumiendo todas las drogas habidas y por haber, delirando de lo lindo y poniéndose en evidencia una vez tras otra. Sin embargo, pese a su avanzado estado de intoxicación, me sorprendió lo bien que se les entendía en algunas escenas, en las que apenas podían coordinar sus miembros pero eran capaces de articular correctamente oraciones enteras. Entonces me pregunté: «¿Realmente hablan así de bien, o esto es cosa del doblaje?». Por aquel entonces, buscaba un tema para mi trabajo final de máster y les planteé la cuestión a mi director y a algunos profesores de confianza. Para mi sorpresa, en lugar de mandarme a casa a descansar, la idea les fascinó casi más que a mí, y en seguida me propusieron ideas sobre cómo se podría investigar algo así.

Cuatro años después, no solo no he acabado de estudiar el tema, sino que continúo abriendo cada vez más frentes que espero que alguien se anime a investigar conmigo. Solo en inglés, he encontrado más de 1200 ejemplos de lenguaje alterado en unas 300 películas, y a todos los niveles imaginables: fonético, morfológico, léxico-semántico, sintáctico, pragmático, paralingüístico… Un lenguaje que se combina, además, con el resto de componentes no verbales del cine, como la imagen, el sonido, la música o el montaje, por lo que las combinaciones son muchísimo más amplias de lo que imaginaba cuando empecé. Si queréis leer más sobre el tema, no tendréis que esperar mucho, porque la tesis debería estar lista a finales de este curso.

Sabemos que lo has investigado así que, ¿qué nos puedes contar de la lengua de Gollum?

Que es única. Gollum tiene una forma de hablar tan característica, lo que en lingüística y traducción denominamos «idiolecto», que cualquier persona que haya visto las películas o leído los libros de El señor de los anillos lo identificaría al momento, del mismo modo que la forma de hablar de Yoda reconocible es. Y no solo hablo del famoso «Mi tesssoro», sino de un vocabulario y unos hábitos lingüísticos o idiosincrasias muy peculiares. Por mencionar algunos de los más llamativos:

La palabra tesoro (precious, en el original), no solo hace referencia al anillo, sino que a menudo la usa consigo mismo. De hecho, Gollum tiene un trastorno de personalidad múltiple muy grave, por lo que habla de sí mismo usando tanto el singular y el plural de la primera persona (They stole it from us!) como la tercera persona (We told him to go away). También forma plurales a partir de palabras que ya están en plural (de orcs, orcses; de birds, birdses), y cuando dice Él, no está hablando de dios alguno, sino de Sauron, el auténtico señor de los anillos. Todo esto, que denominé «el tesoro lingüístico de Gollum», lo analizo desde una perspectiva traductológica, lógicamente, comparando la versión original de las películas con sus versiones doblada y subtitulada en español, ambas obra de Nino Matas.

Pese a que te ganes el pan con esto, ¿alguna vez has recurrido a una agencia de traducción, traductor, intérprete, etc.?

Pues sí, y es una de las grandes ventajas de conocer a gente del gremio y de que ellos te conozcan a ti. Cuando me sale algún proyecto grande que no puedo asumir yo solo, lo primero que hago es proponérselo a la gente que conozco. Como traductor, intento no recurrir a las agencias, porque creo que, si se tiene la posibilidad, se trabaja mucho mejor en contacto directo con los profesionales. Por no mencionar que el presupuesto disponible para el encargo no va a aumentar de la noche a la mañana, por lo que, cuantos menos intermediarios haya, mejor para las partes. Esto no quiere decir que las agencias no tengan su utilidad, que la tienen, pero como profesionales de la traducción, tenemos contactos, conocimiento y recursos a nuestra disposición de los que carece un cliente lego en el ámbito.

¿Alguna anécdota o historia relacionada con los idiomas que te haya ocurrido?

Me viene a la cabeza una anécdota de mi primer viaje a EE. UU. Iba en un autobús de Toronto a Nueva York cuando, en mitad de la noche, paramos en la frontera y nos hicieron bajar a todos para pasar por la aduana. Al ver mi documentación española, una policía me dio el típico documento que tienes que rellenar con tus datos y en el que declaras no ser ningún terrorista ni querer entrar al país con fines ilícitos (que digo yo, si alguien los tuviera, lo último que haría es admitirlo). Yo estaba medio dormido y el ambiente estaba algo tenso, así que empecé a rellenarlo sin rechistar. Pasado un rato, yo aún seguía con el formulario, así que la policía me preguntó indignada por qué tardaba tanto, que no estaba escribiendo mi testamento. Lo que no sabía es que me había dado la hoja en portugués, y que yo estaba haciendo un esfuerzo extra por entender lo que firmaba. Cuando se lo dije, se sintió avergonzada por la confusión y, al mismo tiempo, le sorprendió que hubiera sido capaz de rellenar el formulario, pese a que estaba en una lengua que no hablo ni he estudiado jamás. Supongo que, para un hablante monolingüe de la que se podría considerar la lengua franca de nuestros tiempos, lo que hice yo, pentalingüe, aquella noche, debió de ser cosa de magia.

De |2017-11-21T14:34:52+00:00noviembre 21st, 2017|Entrevistas, Traducción & Interpretación|0 Comments

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