Lenguaje inclusivo: primeros pasos para lograrlo

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Lenguaje inclusivo: primeros pasos para lograrlo

Afortunadamente, el feminismo está cobrando cada día más importancia en nuestra sociedad y, como consecuencia, está  en boca de todo el mundo. El género se debate y se cuestiona en ambientes de todo tipo: en el deporte, en la política, en el arte… Y comienza a surgir por fin una voluntad por promover maneras de hacer igualitarias. También en nuestro ámbito, el de la lengua y la comunicación. El lenguaje inclusivo se abre paso (no sin voces detractoras, eso sí), y en Ontranslation es una cuestión que nos toca muy de cerca, por eso hemos decidido contaros nuestra opinión sobre el lenguaje inclusivo y daros algunas instrucciones para desarrollar un discurso más igualitario (instrucciones que nos aplicaremos, por cierto, como propósito de enmienda).

El lenguaje influye en nuestra manera de pensar, ya que la lengua y la ideología se influyen constantemente (o se construyen juntas). Alguien racista, por ejemplo, hablará mal de las personas de otras razas y, a través del lenguaje, transmitirá prejuicios que pueden influir al resto. Por esta razón es tan importante utilizar un lenguaje inclusivo, porque la capacidad de la lengua para moldear la perspectiva de las personas es tan grande que el uso de un lenguaje inclusivo se vuelve fundamental en el camino hacia una sociedad igualitaria que prescinda del uso prioritario del género masculino en sus discursos. Si mantenemos la dinámica de utilizar un discurso que solo visibiliza el género masculino, esto significa que seguimos viendo el mundo desde una perspectiva poco inclusiva, dando en nuestro día a día más importancia a cualquier aspecto, persona, etc. perteneciente a este género.

Actualmente, el debate lingüístico se centra principalmente en la flexión de género (esto es, la o y la a que hacen que palabras como niño y niña tengan género). Para estos casos, la RAE emitió su veredicto: el masculino genérico sirve para designar ambos géneros, el masculino y el femenino, y el doblete va en contra del principio de economía del lenguaje. Y aunque nuestra profesión nos hace depender (en cierto modo) de lo que diga la Academia, existen recursos para utilizar un lenguaje no sexista en la flexión de género y, en definitiva, regatear las restricciones. Un ejemplo es la del uso de sustantivos colectivos o abstractos genéricos en lugar de plurales: el alumnado en lugar de los alumnos, o la redacción en lugar de los redactores. Al utilizar un sustantivo genérico, nuestro cerebro asume automáticamente que todo el mundo está incluido. Pensemos en una frase como todos los alumnos llevan falda frente a todo el alumnado lleva falda. En la primera podemos pensar algo así como las alumnas llevan pantalón, algo que no ocurre en la segunda.

Otra cuestión muy importante que no se nos debe escapar es la de tener en cuenta todos tipo de relaciones afectivas y perspectivas de género. Así, es mejor hablar de cónyuge que de marido o mujer cuando desconocemos la orientación sexual de una persona (sin que eso signifique que sea de nuestra incumbencia). Respecto a esto, tampoco sabemos si las personas con las que hablamos se identifican con  el dualismo de género, por lo que es mejor hablar de personas que de hombres o mujeres. Un último apunte lo encontramos en la evidencia (aunque muchas veces lo pasamos por alto): ¡si quieres utilizar el lenguaje inclusivo olvídate de palabras ofensivas como puta, marica, etc!

El lenguaje inclusivo es un recurso fundamental para alcanzar una sociedad más justa, y está en nuestras manos utilizarlo. Acordaos de seguir estos pequeños consejos y seguro que conseguiréis vuestros discursos sean más igualitarios. ¡Esperamos que os haya sido útil este post!

De |2017-09-21T11:01:32+00:00septiembre 21st, 2017|Traducción & Interpretación|0 Comments

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