Lenguaje no racista: cómo expresarnos de manera inclusiva

Utilizar un lenguaje no racista puede parecer fácil, pero no siempre lo es. Por desgracia, el racismo es algo que aún está dentro de nuestra sociedad y, aunque hemos avanzado enormemente en los últimos años, aún sigue siendo una lacra por erradicar.

El lenguaje que utilizamos tiene efectos. Cuando nos expresamos podemos herir sensibilidades, además de, sin quererlo, extender ideas contraproducentes de cara a lograr una sociedad más justa. Os explicamos cómo interactúan racismo y lenguaje, y qué podemos hacer para evitar el racismo en nuestro lenguaje del día a día.

Racismo y lenguaje: cómo construimos la diferencia

La noción de raza no es estática. Dependiendo de dónde esté cada persona, podemos entender este concepto de una manera u otra. La idea de raza tiene que ver con la cultura, con la sociedad en la que estamos y sus prácticas.

Así, una persona puede ser vista como negra en Estados Unidos, pero como blanca en Colombia, por las diferencias culturales en la concepción de ambos países. Esto, lógicamente, afecta al lenguaje.

Ya sabéis que el lenguaje y la cultura se cruzan y se construyen, os hemos hablado varias veces de esto. Entender dónde estamos es el mejor punto de partida para eliminar el racismo de cuando nos comunicamos. Tenemos que ser conscientes de para qué público emitimos un mensaje, para saber si estamos utilizando una expresión racista o no.

¿Quiénes son los otros?

Un punto de partida importantísimo, que tiene que ver con el lenguaje y lo social, es a quién incluimos en un grupo al hablar. Puede parecer una tontería, pero en absoluto lo es. El racismo opera sobre la base de la diferencia: si somos racistas con alguien es porque consideramos que ese alguien es distinto a nosotros, ¿no?

Y aquí está también la clave para eliminar el racismo. El sentimiento de grupo, de pertenencia, se expresa mediante el lenguaje: a través del uso de las personas del verbo. Plantéate a quién incluyes cuando utilizas un “nosotros” (que alude a lo que en psicología social se llama endogrupo): ¿están las personas migrantes dentro de este grupo, por ejemplo?

En muchas ocasiones, a través de esta polarización entre el nosotros y el vosotros o el ellos (el exogrupo), generamos diferencias sin querer.

 

Evitar las nacionalidades al dar noticias negativas

Otro hecho extendidísimo en nuestra cultura mediática es el de destacar la nacionalidad de un delincuente cuando su lugar de nacimiento no es el del país de la noticia. Sin darnos cuenta (pues muchos lo hacen sin una intención oculta), a través de este recurso estamos reforzando el racismo: asociamos hechos negativos con ese otro del que hablamos.

Los medios de comunicación cometen a menudo este error (que no es el único que tienen de cara a la lengua, no hay más que ver las numerosas faltas de ortografía que nos encontramos en ellos). Esto, de nuevo, sucede fruto de una tradición racista, y esperamos que sea involuntariamente en la mayoría de los casos.

Además, no ocurre al contrario cuando los autores de un delito son locales.

Pensemos en un texto producido en España en el que se dijese: “Los ladrones, de origen magrebí, han sido detenidos”. Nos suena común, ¿verdad? En cambio, no nos suena tan común ver: “Los ladrones, de origen español, han sido detenidos”.

Os invitamos a analizar, a partir de ahora, cuando leáis sucesos, cuántas veces se refleja el lugar de origen. ¡Estamos seguros de que os vais a sorprender! Y, por desgracia, no para bien…

 

En el racismo no todo es blanco o negro

En ocasiones parece que el racismo solo es tal cuando se aplica a personas consideradas “negras”. Es cierto que, históricamente, el racismo más visible, y que más se ha combatido es el que se ejercía hacia las personas que encajaban dentro de esta categoría. Pero no es el único.

Pensar en el racismo como solo la discriminación a las personas negras supone caer en la simplicidad y borrar del mapa otros tipos de racismo. De hecho, nos atrevemos a decir que en España es el tipo de racismo menos extendido, por la realidad social que aquí vivimos.

Pensemos en nuestro alrededor, y en los grupos que, en nuestro país pueden ser “otros”: no son tanto las personas negras como otros grupos étnicos mucho más mayoritarios: el pueblo gitano y las personas de los países que más comúnmente migran hacia España.

 

La variedad lingüística: usada para discriminar

De hecho, en España hay un racismo que nada tiene que ver con los rasgos físicos. Se trata de la exclusión de personas de nacionalidades diferentes.

Pensemos, por ejemplo, en una de las nacionalidades de origen más frecuentes en el Estado Español: la Argentina. A simple vista, una persona de procedencia de este país seguramente no pueda ser identificada como “de fuera” (perteneciente al exogrupo).

Y es en estos casos en los que el lenguaje juega un papel fundamental. Cuando una persona habla diferente a nosotros, con otra variedad lingüística, como es el caso del español de Argentina, tendemos a incluirla en el grupo de los otros.

La discriminación con base lingüística existe, y debemos eliminarla a la hora de comunicarnos con otras personas. Puede ser que alguien no hable como tú, pero no por eso has de asignarle una etiqueta, un prejuicio: el de que no pertenece a tu comunidad. Al fin y al cabo, cuando este tipo de ideas aparecen, estamos siendo racistas. Tal vez no sea tan evidente, pero lo estamos siendo.

 

Expresiones racistas que debemos evitar

Fuera del considerar a una u otra persona dentro o fuera de nuestro grupo, también hay otros asuntos, más evidentes, que hacen un uso del lenguaje racista. En muchos casos son construcciones comunes, que utilizamos sin darnos cuenta.

Es común escuchar de alguien que es «un gitano» con un sentido peyorativo, o que «trabaja como un negro» o «como un chino». Este tipo de expresiones perpetúan determinadas concepciones de las personas que pertenecen a los grupos o identidades de los que hablamos.

Un ejemplo de que este tipo de frases hechas pueden modificarse es el de la expresión «trata de blancas» que, afortunadamente, se ha ido cambiando por una más corta: «trata». En el pasado, se usaba trata de blancas refiriéndose a mujeres de raza blanca, y esta expresión excluía como víctimas de esta actividad ilegal a las que se entendía como dentro de otras razas (no blancas).

Para cambiar este tipo de expresiones debemos tomar conciencia lingüística. Utilizarlas no significa que nosotros, individualmente, seamos racistas, pero sí reflejan que la sociedad en la que nos expresamos lo es.

¡Intenta evitarlas siempre que hagas un discurso público! Es un primer paso: si los artículos, los posts en redes, etc. que leemos no usan términos racistas es probable que la expresión común cambie y deje, también, de serlo.

Para conseguirlo ya existen iniciativas, como la guía para un lenguaje inclusivo del Ayuntamiento de Barcelona. Esta incluye un apartado para las expresiones racistas:

lenguaje no racista guía 1lenguaje no racista guía 2

 

El racismo en el lenguaje se puede eliminar

Ser conscientes de qué es el racismo, y utilizar un discurso que incluya a todas las personas que forman parte de nuestra sociedad es un primer paso para eliminarlo de la realidad.

Así mismo, debemos normalizar variedades de nuestra lengua que no son la habitual en nuestra ciudad o país es otro paso para que todas las personas se sientan parte de nuestra sociedad.

Además, el racismo va más allá de las personas negras, pues hay otros colectivos que lo sufren y con los que puede ser que no seamos conscientes de nuestra propia expresión racista.

¡Elimina expresiones exclusivas y genera conciencia y di no al racismo en la lengua!

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