Marta Galligó: esta cantante de góspel dedica su tiempo fuera de los escenarios a su gran vocación; la acción social para la inclusión y la igualdad de oportunidades de jóvenes de realidades muy diversas. En esta entrevista, podrás descubrir su labor como directora general de la Fundació Comtal y entender la importancia de la comunicación para poder conseguir un mundo más igualitario.

Profesión: directora general Fundació Comtal

Lenguas: catalán, español

¿Qué es y qué hace la Fundació Comtal?

La Fundació Comtal es una fundación sin ánimo de lucro que trabaja básicamente en el Casc Antic de Barcelona con jóvenes y con niños desde tres a 25 años y cuya misión es la educación y la inserción sociolaboral de esta población.

Marta, ¿cómo te presentarías a nuestros lectores?

Yo soy la directora de la fundación, pero me considero una más del equipo. A mí me gusta trabajar con los equipos directamente e ir a conocer a los chicos y hacer un poco de dinamizadora, intentar que la fundación haga un trabajo de acción social y de comunidad, básicamente que nuestro trabajo sea transversal. No solo cada uno en su proyecto, sino que todo el mundo conozca lo que implica la fundación más allá del proyecto en concreto.

¿Y fuera del trabajo?

Yo creo que no hay mucha diferencia. Quien me conoce diría también que soy dinamizadora, y que, además, el trabajo que yo realizo, que es un trabajo vocacional (a mí me gusta lo que hago), forma parte de mi vida. Es básicamente seguir siendo yo misma afuera; no hay mucha diferencia.

Sabemos que trabajáis con jóvenes de orígenes culturales y lingüísticos muy diversos, ¿qué barreras comunicativas os encontráis en vuestro día a día?

Hay una gran parte de los jóvenes que tienen origen magrebí o subsahariano. Alguno de ellos puede ser que hable francés, pero básicamente todos hablan árabe, con lo cual, cuando llegan aquí, el primer trabajo que tenemos que hacer es intentar comunicarnos con ellos. También tenemos otro perfil de población que son chicos que ya han nacido aquí, pero que viven en comunidades cerradas con orígenes diferentes, con lo cual tampoco tienen la habilidad comunicativa, aunque hayan nacido aquí y tengan diez o doce años. A ellos también les cuesta poder expresar adecuadamente las vivencias y los sentimientos que tienen.

Lo primero que tenemos que hacer es eliminar esa barrera comunicativa a través de dinámicas de juegos, de una manera en la que ellos no se den cuenta de que están comunicándose. Por nuestra parte intentamos hacer el esfuerzo de entender lo que nos quieren expresar a través del lenguaje corporal y el lenguaje no verbal. Este te puede indicar qué están haciendo, cómo trabajan, cómo escriben, sus niveles de estrés… Te indica cómo se sienten, y nuestra misión es traducir eso en palabras.

¿Nos puedes poner un ejemplo de una actividad que utilicéis para eliminar esas barreras?

En el programa «Constrúyete» atendemos a jóvenes que hace poquito que están aquí (que vinieron en el último año). Provienen de Marruecos y de países subsaharianos y, básicamente, lo que hacemos con ellos es trabajar en actividades muy concretas, como la cocina. Esta supone un elemento muy cohesionador que les permite traer platos típicos de su gastronomía y enseñarnos cómo son, cuáles son sus ingredientes, cómo se llaman en su país y cómo se llaman aquí, etc. A través de esto, trabajamos la multiculturalidad: tú me enseñas y yo te enseño a ti. Ir a comprar con ellos y que se sientan un poco protagonistas de su propio proceso nos enseña a tratar con ellos.

¿Qué importancia darías a los conocimientos culturales y lingüísticos para poder llevar a cabo tu profesión?

Si no somos capaces de entender al otro difícilmente podremos ayudar a nadie a integrarse socialmente. Tenemos que ser muy respetuosos con los orígenes, con las maneras de hacer, e intentar ponernos en el lugar de cualquier persona que llegue aquí, ya que ellos también vienen con unas expectativas. Y no solo ellos; la propia gente de nuestro entorno que no dispone de las mismas oportunidades educativas que hemos tenido nosotros también proviene de unos entornos escondidos.

En Barcelona existen alrededor de 17.000 jóvenes que no acaban la educación secundaria por falta de oportunidades. Tenemos que ser capaces de ponernos en su lugar, no son de origen diferente, pero sus realidades sí lo son. No solo estamos hablando de origen, sino de realidad. Queremos ponernos a su lado, caminar juntos.

¿Y cómo haces eso en tu día a día si te encuentras con una persona que viene de una realidad o de un origen diferente?

Todos son chicos, todos son jóvenes. La idea es poder trabajar con él o ella y descubrir su talento, su habilidad. Trabajar desde lo que se tiene. Descubrir esa habilidad y esa capacidad potencia su autoestima, potencia su capacidad para ser conscientes de su capacidad social y de que las experiencias de fracaso previas son experiencias que tienen que saber gestionar para afrontar el futuro.

¿Cuáles son actualmente vuestros principales proyectos?

Son proyectos diversos, proyectos que definen realidades. Para nosotros es muy importante tener proyectos de formación que ayuden a jóvenes que no lo están suficientemente preparados como para poder ser autónomos, proyectos de asistencia a recién llegados y proyectos en prevención en primera infancia que capaciten a las familias a atender adecuadamente las necesidades de sus hijos. Básicamente son estos tres ejes.

¿Alguna vez has recurrido a una agencia de traducción, a un traductor o a un intérprete?

Intentamos tener profesionales internos que hablen alguno de los idiomas de los chicos. Tenemos a un par de educadores que saben árabe y jugamos también un poco con que algunos chicos saben francés. Intentamos también que sean, a veces, las mismas familias las que nos ayuden a hacer de traductores, y de esta manera implicamos a todas las personas participantes para que puedan ayudar a otras que se encuentren en la misma situación. La verdad es que agencia de traducción, traductor o intérprete no hemos utilizado nunca, aunque iría bien.

¿Alguno de los jóvenes ha terminado siendo educador con vosotros?

Aún no. Algunos quieren estudiar educación social, pero lo ideal sería poder incorporarlos en la medida en que se vayan formando. De todos modos, estamos realizando un proyecto muy transversal, por lo que sería más fácil conseguir su éxito en etapas formativas posteriores, a través del seguimiento. Por ejemplo, en uno de los pisos de protección tenemos a dos chicos que están en la universidad: uno está estudiando Arquitectura, mientras que el otro está estudiando Informática. Y vinieron hace, como máximo, seis años. Necesitan acompañamiento porque no están en la misma situación que sus compañeros. Pero esto para nosotros es un éxito.

¿Nos puedes contar alguna anécdota o historia relacionada con los idiomas que te haya ocurrido?

Las anécdotas más divertidas se dan en el entorno de la cocina, porque es donde ellos se sienten más libres y donde salen las típicas anécdotas de «esto que tú dices en mi país resulta que es otra cosa muy distinta». Así anécdotas concretas ahora no se me ocurren, pero sí que es cierto que cuanto más distendido es el ambiente mayor es la posibilidad de que ellos entren en esa dinámica de reírse y de explicar su experiencia. El humor es uno de los instrumentos básicos de trabajo.