Variantes del español. ¡Vigila los prejuicios!

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Variantes del español. ¡Vigila los prejuicios!

La lengua no es estática; existen múltiples variedades de cada idioma. Y hoy os hablaremos de las variantes del español. En nuestro día a día nos encontramos a menudo con personas que no son conscientes de la existencia de una gran diversidad de variantes del español y que llegan incluso a sancionarlas, normalmente a causa de la imposición de la norma castellana durante la edad educativa. Como profesionales de la lengua, uno de nuestros objetivos es el de acabar con estos prejuicios de una vez por todas y arrojar luz sobre la gran riqueza cultural y lingüística de un idioma hablado por cientos de millones de personas.

Antes de nada, debemos aclarar una cuestión. ¿Sabéis lo que son los prejuicios lingüísticos? ¿No? Pues allá vamos. Un prejuicio, así en general, es, según el DLE (y que nos perdonen los psicólogos y las psicólogas si caben matices), una «opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal». Un prejuicio lingüístico es, entonces, una opinión negativa sobre una persona que se basa en su manera de hablar. En este caso, el desconocimiento (y la veneración del estándar oral peninsular) provoca que muchas personas creen prejuicios al enfrentarse variantes del español distintas, lo que lleva a la triste discriminación lingüística: hablar mal es ser menos capaz. Pero, ¿qué es hablar mal?

Aunque no os lo creáis, técnicamente solo podríamos decir que hablan mal las personas que sufren algún trastorno del lenguaje, aunque esto resulte políticamente incorrecto. Cuando alguien utiliza una variedad oral distinta del estándar se le atribuye la etiqueta de mal hablante, a la que van unidas muchas otras como incapaz, inculto o, directamente, tonta. Es cierto que hay gente que no se preocupa, aún pudiendo hacerlo, de aprender el estándar, y eso es un problema. Pero también es un problema el hecho de creer que las personas que utilizan diferentes variantes del castellano hablan mal. Porque no hablan mal, simplemente hablan de una manera distinta (como yo, que soy de Galicia, o como mi vecina colombiana). No hay una lengua mejor que otra, por lo tanto, no se puede determinar qué variante es mejor porque no existe una mejor. Por cierto, veamos algunos ejemplos en las variantes del castellano.

Empecemos por la variedad andina, en la que el pronombre clítico (lo, la, los, las) es invariable. Sobre todo en ciertas zonas del Perú, se puede decir lo tengo para sustituir a tengo las flores, cuando en castellano estándar se diría las tengo. Para sus hablantes es normal utilizar este pronombre así, y no tienen problemas de entendimiento  por este motivo. En la variante portorriqueña del castellano también encontramos diferencias que nos sorprenden. En ella, seguramente por influencia del inglés, no hay inversión del sujeto en las oraciones interrogativas. Así, un portorriqueño dirá «¿Qué Carlos quiere?», en lugar de decir «¿Qué quiere Carlos?» propio del estándar. Seguramente, para alguien con poco conocimiento en lingüística, cualquier persona que hable así estará hablando mal. Nada más lejos de la realidad, está hablando bien, pero en su variante del español.

Recordad que no hay nadie que hable mal, solo diversidad, y que no debemos caer en prejuicios. Del mismo modo que tenemos un color de ojos o de pelo distinto, tenemos variedades lingüísticas diferentes. ¡Las variantes del castellano deberían ser enseñadas en profundidad en las escuelas!

 

De |2018-02-01T16:21:41+00:00octubre 5th, 2017|Traducción & Interpretación|0 Comments

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