Nos encontramos en un momento en el que los avances tecnológicos han hecho que la movilidad sea más internacional que nunca. Sin embargo, de poco sirven esos avances si la comunicación en los medios de transporte no se adapta a las necesidades de las masas multiculturales. Las empresas que gestionan estos medios deben invertir en la usabilidad y accesibilidad desde un punto de vista lingüístico y cultural que aporte las facilidades suficientes para que los usuarios viajen con la seguridad de quien se encuentra en su ciudad, aunque esté a miles de kilómetros de distancia. La optimización de la comunicación en los medios de transporte debe pasar por una adaptación lingüística, cultural y sensorial de la información.

Comentemos un ejemplo cercano a nosotros: TMB, la empresa de transportes metropolitanos de Barcelona. Actualmente su sitio web y su app oficial está disponible en tres idiomas —catalán, castellano e inglés—y las máquinas expendedoras de billetes, en cuatro —los tres anteriormente mencionados, más el francés—. Sin embargo, este paso de buena voluntad todavía se queda corto. El trabajo de localización de estos servicios en línea adolece de problemas de adaptación serios, como calcos, errores estilísticos e incluso traducciones parciales. Esto puede apreciarse en los formularios de la versión en inglés de su sitio web, en los que no se han localizado las denominaciones de los documentos de identificación —nos podemos encontrar con términos como «DNI/NIE» y «pasaporte»— o el formato de las fechas —dd/mm/aaaa—. Todas estas, aunque pueden parecer cuestiones menores, afectan negativamente a la experiencia de los usuarios, pues merman la usabilidad de la plataforma y alejan la perspectiva de los hablantes de lenguas extranjeras.

Pero la comunicación en los medios de transporte no implica únicamente la información escrita, sino que también hay que tener en cuenta los avisos de megafonía, la adaptación de las instalaciones a los usuarios con discapacidades sensoriales, etc. De nada sirve disponer de unos —pongamos por caso— maravillosos carteles informativos trilingües, cuatrilingües y más allá, si después las personas ciegas únicamente reciben la información sonora en el idioma local o no pueden hacer uso de los ascensores para acceder o salir de los andenes, o de las máquinas de billetes e información acerca de horarios, enlaces, etc. porque no disponen de la adaptación al braille.

Como podemos ver, la problemática de la comunicación en los medios de transporte va más allá de cuestiones lingüísticas. Es necesario llevar a cabo una localización y adaptación completa, a nivel lingüístico, cultural y sensorial que optimice la usabilidad de los servicios y permita que personas de muchas nacionalidades y naturalezas distintas puedan experimentar los medios de transporte no solo como puentes que eliminan las barreras geográficas, sino también las físicas y psicológicas. Y para ello es imprescindible contar con profesionales de la comunicación, porque abordar un tema tan complejo sin tener experiencia es simplemente un disparate.

Y vosotros, ¿alguna vez os habéis sentido perdidos en el camino?