Ya vienen los Reyes… O mejor dicho, ya vinieron, ya dejaron sus regalos y ya se fueron. Los pequeños habrán quedado encantados con su visita, y los mayores dieron comienzo a la cuesta de enero pagándoles el avituallamiento al simpático trío. Los Tres Reyes Magos. ¿Alguna vez os habéis preguntado de dónde viene esta definición? Nosotros, como a veces nos ponemos algo etimológicos, sí.

Los Reyes Magos, no eran ni reyes ni magos

El caso es que de lo que habla la Biblia (en este caso el Nuevo Testamento y más concretamente el Evangelio según San Mateo) es de magos. Pero debemos tener en cuenta una cosa, el significado o la connotación que se le da actualmente a la palabra mago, que es la de alguien que practica la hechicería, no corresponde con el sentido original de la palabra, que es el que se le da en el Evangelio de Mateo.

El término actual “mago” proviene del persa antiguo maguš. En la antigua Persia, un magi era un sacerdote de la religión zoroástrica cuyo conocimiento de disciplinas como la astrología lo situaba a un nivel superior dentro del sistema social babilónico, en el que constituían la élite intelectual, los hombres sabios de su época. Figuras similares en otras culturas podrían ser los druidas galos o los filósofos de la antigua Grecia.

Los magos a lo largo de la historia

Al parecer, que el término fuese cambiando de significado a lo largo de la historia tiene que ver con la asimilación de las prácticas paganas por parte de la Iglesia, que promocionaba la creencia de que todo lo relacionado con la sabiduría en otras religiones tenía raíces oscuras.

Por eso, al realizar una traducción, es muy importante tener en cuenta la etimología de las palabras. Un ejemplo de una traducción más acertada del nombre de estos repartidores de ilusiones, sería el que se llevó a cabo al inglés, Wise Men o Three Wise Men, o al alemán, Weise aus dem Morgenland, que no lleva a equívocos con respecto a si son o no hechiceros, pero sí deja clara su gran sabiduría.

Los Reyes Magos no son reyes ni magos

Así, hemos visto como la diversidad cultural da sus frutos. Niños, niñas, lo siento mucho, los Reyes Magos no son mágicos. Pero si alguna vez los pilláis poniendo vuestros regalos bajo el árbol siempre les podéis preguntar dónde queda la estrella polar.